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José María Buceta, psicólogo deportivo

24/06/2022

El banquillo tranquilo

El banquillo tranquilo El Real Madrid acaba de ganar la liga de baloncesto superando claramente al Barcelona en tres de los cuatro partidos disputados. Para muchos, a pesar de la victoria madridista en la reciente semifinal de la Euroliga, el Barça era favorito, pero ese pronóstico no se ha cumplido. En este artículo vamos a intentar explicar cuáles han sido los motivos.

Si hablamos del propio juego, podemos encontrar varios: el juego interior del Madrid, con Tavares como gigante invencible, el rebote en la canasta azulgrana, las pérdidas de balón y otros que los grandes analistas, y no yo aquí, podrán desmenuzar.

Relacionados con los aciertos y errores técnicos de los dos equipos, quiero destacar otro motivo que, en mi opinión, es muy probable que también haya influido: la enorme diferencia en las emociones que los entrenadores han transmitido. La ausencia de Laso en el banquillo del Madrid, debido al infarto que sufrió, no le quita el protagonismo principal que le corresponde por esta magnífica victoria. Pero hay que destacar también el gran trabajo de Chus Mateo dirigiendo al equipo desde la banda. Como meros espectadores, pudimos ver a un entrenador que actuó con energía cuando lo consideró necesario, y que en general, transmitió tranquilidad, calma, y con ello, confianza, permitiendo que los jugadores actuasen sin la presión añadida de enfados y gritos innecesarios.

Justo al contrario que su colega adversario, Jacikevicius, quien se pasó los cuatro partidos reprochando a los jugadores casi cualquier error con gestos y broncas que seguramente, visto lo visto, no ayudaron mucho (más bien, al contrario). 

Cuando se juegan tantos partidos en una temporada tan larga, es muy probable que los mensajes de los entrenadores se desgasten. Mensajes para transmitir instrucciones, motivar a los jugadores, potenciar su confianza y, en definitiva, sacar lo mejor de ellos en beneficio de los objetivos del equipo, que van perdiendo fuerza en la medida que se repiten una y otra vez. Y cuanto mayor es ese desgaste, más se suele apelar al enfado, los comentarios altisonantes y cualquier otro elemento de este tipo para intentar provocar la reacción de los jugadores y calmar la propia ansiedad que provoca la impotencia. 

En un baloncesto con tantas y tantas estadísticas, muchas de ellas superfluas, es fácil ignorar un factor que aunque sea más difícil de medir con números que los rebotes o los balones perdidos, puede tener un peso significativo, tal y como, en mi modesta opinión, ha podido suceder en estos partidos.

José María Buceta, psicólogo deportivo

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